Artículos lingüísticos

Hablemos del trabajo… en arroz y habichuelas

Ya que hoy es el Día del Trabajo, vamos a hablar un poco de cómo nos pasamos la vida laborando para poder vivir lo mejor que podamos.

La verdad es que uno tiene que, como pueda, buscarse las habichuelas o el sustento diario de la familia, porque son pocos los que tienen una pala, o una conexión con el gobierno, que les asegure el puestecito fácil.

Usualmente, empezamos desde abajo con algún part-time o algo por el estilo, a lo que el hacha va y viene. O sea, a lo que conseguimos algo mejor. Y así se inicia un trayecto largo que, para muchos, dura 30 años o hasta más. Ley de vida…

Ahora, quisiera que te transportes en el tiempo. ¿Te acuerdas de tu primer día de trabajo? Esos primeros días uno siempre está más perdío que un juey bizco, pero siempre con la emoción que traen las nuevas oportunidades. Poco a poco, se van subiendo escalones y, con suerte y perseverancia, quizás logremos ese trabajo de nuestros sueños.

Lo importante es siempre meter caña, esforzarse por dar lo mejor de sí, con la esperanza de que la vida sea justa, y esto nos traiga más y mejores oportunidades para seguir creciendo.

Y tampoco debemos preocuparnos tanto. Es natural que, con el tiempo, vayamos cogiendo el piso y mejorando cada día más en lo que hacemos. Es cuestión de unos meses, y ya somos expertos en lo que, al principio, parecía tan difícil.

Hablando honestamente, no creo que pasarse la vida trabajando sea el sueño del ciudadano común, pero, la verdad, eso de estar embrollao y deberle a cada santo una vela es una pesadilla. Para alguien responsable, estar así, endeudado, es motivo suficiente para perder el sueño.

Sé que cualquiera se desanima cuando ve a esos politiqueros con chavos, de esos que tienen buen dinero, comprándole puestos a los hijos a billetazo limpio. Esos la tienen fácil, mientras uno tiene que esforzarse y ganárselo con el sudor de su frente.

Otra cosa que enfogona son los plastas o vagos que no hacen na’ en todo el día, y siempre andan pendiente a que uno les haga el trabajo. Uno que se esfuerza tanto para que las cosas salgan bien, y a esos no les importa más que llevarse el cheque cada dos semanas. Hacen lo mínimo.

Pero bueno… Esa es la realidad de la vida. Trabajar y sentirse productivo es súper positivo, pero a la vez cansón y estresante. No queda otra opción. Viéndolo del lado bueno, se siente brutal cuando uno se gana las cosas con esfuerzo, a pulmón, y va cumpliendo sus sueños.

Ojalá que todos alcancemos esas metas que tenemos trazadas y que, en par de años, tengamos todos el banco virao. 💵💰🤑

¡Ojalá!

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