
Yo no sé ustedes, pero yo quedo fascinada cada vez que aprendo algo nuevo sobre la vida del jíbaro boricua. En el día de hoy, nos toca hablar de las tormenteras, pero de esas que existían ANTES de las que conocemos hoy.
La palabra «tormentera» no aparece registrada en los diccionarios tradicionales ni en el Diccionario de americanismos; solo está registrada en el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico.
Si tú eres puertorriqueño, sabes que una tormentera es una lámina de metal con la que se protegen puertas y ventanas durante la época de huracanes. Pero, esta palabra tuvo un significado anterior, ligado con la vida del jíbaro boricua.
Desde inicios del siglo pasado, se registró la palabra «tormentera» en Puerto Rico para referirse a una estructura que construían los campesinos y que tenía la función principal de protegerlos durante el paso de ciclones.
Las tormenteras, también conocidas como barracas, se construían con techos en dos aguas que llegaban hasta el suelo formando un triángulo. Este techo, usualmente de zinc, se clavaba a la tierra. Tanto su forma como el método de construcción, ayudaban a que el viento no pudiera levantar la pequeña estructura y se pudiera sobrevivir el paso de los fuertes vientos.

Imagen recopilada de: FaceBook (Puerto Rico Recuerdos del ayer de Evelyn del Mar)
Hoy día, en Puerto Rico, son comunes las casa de cemento, que aguantan mucho mejor las ventoleras, pero continuamos usando el término «tormentera» para referirnos a esas piezas que también nos protegen de estos fenómenos naturales.
Así que, desde la época de nuestros jíbaros hasta el sol de hoy, «tormentera» ha sido una de esas palabras que confirman que hablar en puertorriqueño nos identifica.
