
En Puerto Rico, decimos que «no nos huelen ni las azucenas» cuando estamos tristes, desanimados o malhumorados. Por ejemplo:
Dito, a Julia no le huelan ni las azucenas desde que la botaron del trabajo.
En otras palabras, la frase deja saber que la persona está tan frustrada que nada ni nadie logra estimularla o levantarle el ánimo. Su energía ni siquiera le permite disfrutar de la intensa fragancia de las azucenas.
Asimismo, muchos usan la frase para referirse a alguien enfermo, asociando la expresión con que la persona no puede oler las azucenas porque tiene congestión o la nariz tapada.
¿Con qué significado la usas tú?
