
En Puerto Rico, una quincalla es un puesto improvisado, que usualmente se ubica en una vía pública y que vende chucherías, juguetes, pañuelos y otras cositas simples.
Pero, entre más joven seas, menos probabilidades hay de que conozcas este concepto, porque cada día es menos común encontrarse con una quincalla, o con su encargado o vendedor, que es el quincallero.
De hecho, el uso de este término ha cambiado con el tiempo, así que demos un salto hacia el pasado. Muchos boricuas me han contado que, aproximadamente, hasta mediados del siglo pasado, los quincalleros visitaban las casas boricuas con mercancía un tanto más elaborada, como ropa, artículos del hogar, entre otras cosas. Podían ir en caballo, con una carreta en la que cargaban sus productos, o en carro. Al parecer, luego se extrapoló el término al vendedor ambulante, aunque la mercancía fuera diferente.
Según el Diccionario de americanismos, Puerto Rico es el único país que usa esta palabra con ese significado. Pero, al otro lado del Atlántico, hay otro país en donde dicen «quincalla»: en España.
El significado allá es similar al nuestro, ya que se refiere a chucherías u objetos de poco valor, pero, en el caso de España, se limita solo a objetos de metal, y adoptaron el término del idioma francés.
Ya vemos el viaje que ha transcurrido esta palabra: de Francia a España, y de España a Puerto Rico. Déjenme saber ustedes si conocían lo que era un quincallero y si llegaron a ver alguno. Un recordatorio más de que hablar en puertorriqueño nos identifica.
