
En Puerto Rico, cuando alguien está molesto y desea apartarse de una persona o situación, puede decir que se va pa’ las ventas del carajo. De igual forma, puede mandar a alguien a esas ventas del carajo queriéndole decir que «desaparezca de su vista», pero con un tono mucho más violento. Según el Diccionario de americanismos, esta expresión solo se registra en Puerto Rico.
Ya estamos familiarizados con la palabra «carajo». Pero, entonces ¿por qué a las ventas? ¿Qué tiene que ver el acto de vender algo con largarse? En realidad, nada, pues las respuestas están en un significado de «venta» que solemos desconocer.
Según la Real Academia Española, una venta es una «casa establecida en los caminos o despoblados para hospedaje de los pasajeros». De igual forma indica que el término se asocia con un «sitio desamparado y expuesto a las injurias del tiempo».
Estas ventas, existentes en España desde la Edad Media, eran construcciones con habitaciones humildes para que los viajeros pudieran descansar y resguardarse de la noche mientras viajaban por caminos solitarios, lejos de los pueblos. Las ventas, además, contaban con un espacio donde comer y donde darle guarida a los caballos.
Debe aclararse que estas ventas no cumplían con el mismo propósito que las posadas, fondas ni mesones, ya que se trataba de una localidad mucho más humilde y ubicada en las orillas de los caminos, no en los centros de los pueblos. Se diseñaban de esta forma, precisamente, para cumplir el propósito de que el viajero hiciera una parada rápida y continuara su marcha a la mañana siguiente.
Por tanto, cuando se manda a alguien para las ventas del carajo, queremos decir que se vaya a un lugar no solamente aislado, sino también de dudosa reputación.
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