
Los boricuas somos los únicos que utilizamos «mallorca» para referirnos a un tipo de pan dulce y esponjoso, que se elabora con levadura, manteca de cerdo y es espolvoreado con azúcar glas.
¿De dónde nos llegan la palabra y la receta? Provienen de la isla de Mallorca, una de las Islas Baleares que ubican al este de España.

Lo interesante es que ni siquiera en Mallorca le llaman así a estos panes. Allá le llaman «ensaimadas» a un dulce que es supericónico y representativo de esa isla. Tanto así que, desde el 2003, llevan el sello de Indicación Geográfica Protegida, lo que certifica que es un producto auténtico y que cumple con los estándares de calidad de la zona geográfica de su procedencia.
Lo que los mallorquines no saben es que muchos de sus antecesores llegaron a Puerto Rico, especialmente desde el municipio de Sóller. Y, por supuesto, trajeron con ellos esa receta que los hacía sentir en casa. Fue así como llegaron las ensaimadas a nuestra isla, y se convirtieron en el famoso pan de mallorca.
En Mallorca no tienen certeza sobre el origen de la receta. Hay quienes votan porque la procedencia es árabe y que se llaman ensaimadas porque saim, en árabe, significa «manteca de cerdo», y ese es uno de los ingredientes fundamentales en la confección de estos dulces.
Sin embargo, la teoría más aceptada es que las ensaimadas son de origen judío y que por eso se parecen tanto al bulema (hoy conocido como jalá o challah), que es un pan que consumen los judíos, especialmente en la celebración de su Shaddai.
La teoría indica que los judíos que vivían en Mallorca y que tenían que demostrar que se habían convertido al cristianismo para que no se les persiguiera, cambiaron la receta del aceite de oliva y la sustituyeron por la receta de la manteca de cerdo, que es prohibida en el judaísmo. De esta manera, demostraban que habían hecho esa conversión religiosa.
Definitivamente, este es uno de los tantos términos que demuestran que la manera en que nosotros hablamos y comemos refleja siglos de historia.
